dijous, 2 d’octubre del 2008

Haiku

Siguiendo el ejemplo de un antiguo sacerdote que afirmaba haber atravesado miles de kilómetros cuidando de sus malogradas provisiones y esperando un estado de éxtasis puro bajo los rayos puros de la luna, dejé mi casa en el río Sumida entre las paredes del viento otoñal.

Como el sonido de un fuego crujiendo:
nieve río,
derretir.
(KEIKO ITO)

Un sol ardiente
cae al mar:
¡Corazón veraniego!
(NATSUME SOSEKI)


Yo las barría,
y al fin no las barrí:
las hojas secas.
(TAIGI)